Condenado a 25 años por asesinato de Adrienne Shelly

Lunes, 15 Septiembre   

Al menos una docena de personas se hallaban la mañana de ayer en la sala número 1111 de la Corte de Manhattan ubicada en el edificio 100 de la calle Centre,  cuando la jueza Carol Berkman, a cargo del juicio incoado contra Diego Pillco por el asesinato de la actriz estadounidense Adrianne Shelly, pronunció la sentencia que obliga al inmigrante ecuatoriano a pasar los próximos 25 años en la prisión, a los que se agregan 5 años de libertad bajo palabra supervisada cuando haya cumplido la pena.

El 1 de noviembre del 2006 el joven ecuatoriano de 20 años, albañil que llegó como indocumentado atravesando la frontera de Estados Unidos con México, mató a Shelly después de haberle intentado robar una cartera en su departamento situado en Greenwich Village. Pillco se autoinculpó el 22 de febrero pasado y reveló que luego de golpear a la actriz y estrangularla, la había colgado de un tubo del baño para simular un suicidio.

La mayoría de los asistentes a la sala de la Corte ayer eran familiares de Adrienne Shelly, quienes tuvieron duras frases contra Diego Pillco, vestido modestamente con un jean y un pulóver gris.

“Usted es un asesino a sangre fría. Una bestia asesina”, gritó Andrew Ostroy, esposo de la actriz, mientras dirigía una mirada furibunda al ecuatoriano.

“Usted la amarró y colgó con una sábana como ahorcan a los cerdos allá en Ecuador. ¿Qué clase de animal es usted?”, dijo Ostroy mientras apuntaba con su índice a Pillco.

Por su parte, Elaine Levine, madre de la víctima, también aprovechó la ocasión dada por la jueza Berkman para reprochar a Pillco su crimen. “La pérdida de una hija es la peor pesadilla que una madre pueda tener y usted hizo que esa pesadilla se hiciera realidad para mí”, dijo Levine.

Cuando le dieron la oportunidad, por medio de un traductor, Pillco dijo en español lo que ya había afirmado en la audiencia en que reconoció su culpa: “Solo quiero aclarar que salí a trabajar ese día y que no tenía el propósito de hacerle mal a nadie. Si existiera la pena de muerte, la pediría para acabar con este sufrimiento. Es eso lo que merezco. Yo llegué para trabajar, pagar mi deuda y ayudar a mi familia, pero cometí el peor error de mi vida”.

Un solo ecuatoriano se hallaba en la sala de la Corte, Walter Sinche, quien dijo que esta tragedia “enluta a las dos familias, la de la señora Shelly y la de Diego”, y agregó que “la responsabilidad es de los gobiernos ecuatorianos que han obligado a salir a miles de jóvenes en busca de trabajo y jamás les han brindado protección”.


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